Principios

Lo que
Rechazamos

El principio de autoridad

Nuestro rechazo se extiende a todos los elementos autoritarios que permiten la existencia del estado, siendo los cuerpos y fuerzas de seguridad del éste la autoridad más detestada junto a jueces y carceleros, verdaderos valedores del sistema capitalista. Rechazamos los fundamentos teóricos de ese principio de autoridad y sus consecuencias prácticas en la vida cotidiana, luchando en cada aspecto de la sociedad y de la vida para que el poder desaparezca. Esto convierte las ideas anarquistas en un proyecto que abarca todas las facetas de la existencia, desde la economía hasta la sexualidad, pasando por la organización social, las relaciones con la naturaleza, la educación o la familia.

Si hay algo que nos une a todxs lxs anarquistas es el desprecio a la autoridad. Entendiendo ésta como la regla social que normaliza que unas personas estén por encima de otras, ostenten más poder y tengan mayor capacidad de decisión, dirigiendo asi la vida de las demás. Si lo aplicamos a la vida política, nos referiremos a todo sistema autoritario o representativo en el que se produzca dominación con sometimiento a la voluntad de otras personas.


El principio de jerarquía

Consideramos que todas las estructuras de poder y por tanto las jerarquías sociales son opresivas. Como anarquistas buscamos una sociedad libre de mandos y disciplina autoritaria. Las jerarquías producen desigualdades y promueven relaciones basadas en la obediencia y en la sumisión, matando el germen de libertad que todxs llevamos dentro.


El principio de opresión y dominación

Entendemos que los diferentes sistemas jerárquicos construidos socialmente generan relaciones de dominación sobre los distintos grupos sociales dando lugar a opresores y oprimidos. En ellos, la opresión opera en múltiples niveles y ejes que categorizan a los seres humanos, potenciando una desigualdad y una injusticia social basada en el privilegio. Por ello, nosotrxs defendemos una sociedad anárquica basada en relaciones de igualdad sin explotados ni oprimidos.


Las fronteras

Rechazamos las fronteras como estructuras creadas por los estados para impedir y controlar la libre movilidad de las personas a la vez que se favorece la circulación del capital. Las fronteras son expresión de un sistema racista que beneficia a los más privilegiados y ejerce violencia contra las personas migrantes. Son un constructo nacido del colonialismo y el imperialismo, que potencia los nacionalismos y provoca guerras y conflictos. No son un hecho natural tal y como defiende el discurso esencialista. Fomentan las fricciones entre la propia clase oprimida y obstaculizan la unión solidaria frente a los sistemas de opresión. 


El colonialismo

Rechazamos el colonialismo por ser una forma de opresión violenta y explotación sistemática impuesta por un poder centralizado, generalmente un estado, para someter a otros pueblos y territorios con el fin de aprovechar sus recursos y su mano de obra en beneficio de una élite dominante, y promoviendo así la desigualdad económica y la explotación.

Rechazamos no solo la conquista territorial, sino también la imposición de estructuras de control político, económico y cultural que despojan a las comunidades de su autonomía, libertad y formas de vida propias.Impone un sistema jerárquico y autoritario que niega la autonomía de los pueblos colonizados.


La competitividad y la meritocracia

Rechazamos la competitividad y meritocracia como bases fundamentales de la estratificación social capitalista y el supuesto valor del trabajo que potencia la falsa idea de ascenso social. La lucha de unas personas contra otras por la primacía, ya sea por recursos o por poder, son lo contrario a la cooperación y el apoyo mutuo y destruyen los lazos de solidaridad que deberían constituir una sociedad justa.


El desarrollismo y el extractivismo

Rechazamos el concepto capitalista de desarrollo que se fundamenta en un ideal de crecimiento infinito incompatible con los límites de los ecosistemas del planeta. Mediante el desarrollismo, el sistema justifica la destrucción de la naturaleza, el colonialismo, y el expolio de los pueblos del Sur global. En consecuencia, nos encontramos ante una emergencia climática que, junto a la escasez de agua y el derroche de materias primas en nombre del consumo, está amenazando la habitabilidad de los territorios más explotados.

Los estados y el capital, empeñados en garantizar su propia supervivencia por encima de la de la población mundial y de los animales no humanos, fomentan el ecofascismo a través de discursos y políticas racistas, patriarcales y autoritarias enfocadas en señalar algunas vidas como dispensables.

Paralelamente, pretenden calmar la preocupación social por el futuro a través de propuestas reformistas que prometen un capitalismo verde, basado en un optimismo tecnológico sin fundamentos. Frente a estas falsas soluciones, como anarquistas trabajamos por la reorganización radical de todas las esferas políticas, económicas y sociales, ya que entendemos que la autogestión y el apoyo mutuo comunitario son nuestras mejores herramientas para la supervivencia de las generaciones venideras y de la naturaleza. 


El capitalismo, el estado y el sistema político democrático

Rechazamos el capitalismo como sistema económico, social y político que nos axfixia y oprime en todos los ámbitos de la vida. Rechazamos un sistema que pone en el centro el crecimiento económico desmedido de unos pocos a costa de la explotación y opresión del resto. Estamos en contra de la capitalización de la vida y de la subordinación de ésta a la generación de capital y al consumo. Rechazamos el capitalismo como sistema que se sostiene únicamente gracias a la explotación, a la dominación, la colonización y la destrucción del planeta.

Rechazamos el estado que controla, adoctrina y dirige nuestras vidas para mantener el status quo que sólo beneficia a los que tienen el poder. Para funcionar, el estado pone en marcha todo un aparato de control mediático, político, social y cultural, monopolizando el uso de la violencia que ejerce a través de los cuerpos policiales y militares. El estado busca destruir al individuo, dominando y controlando todos los aspectos de su vida, robándole cualquier capacidad de decisión. Para esto enmascara su dominación total bajo el sistema parlamentario-democrático, que jerarquiza la sociedad y promete una «participación ciudadana». Rechazamos por tanto la democracia y las formas de participación política que ofrece. No creemos en sus soluciones reformistas que domestican y burocratizan la protesta.


La propiedad privada

Rechazamos la propiedad privada por ser eje vertebrador del sistema capitalista. Rechazamos la privatización de los medios de producción y de los recursos naturales que conllevan a procesos de acumulación de capital. Y apostamos por fórmulas de caracter colectivo.


Las religiones

Estamos en contra de las instituciones religiosas y contra la idea de divinidad jerárquica, situada por encima del ser humano y la naturaleza, que subordinan y dan pautas a seguir sobre cómo vivir y pensar. Contra esa subordinación y devoción que hace que la horizontalidad se pierda.

Consideramos que la religión ha ido históricamente de la mano del estado para construir y fortalecer la subordinación de lxs desposeídxs por parte de quienes ostentan el poder.

Defendemos la libertad para tener las creencias y las posibles maneras de vivir la espiritualidad que cada unx escoja, pero rechazamos la idea de que el carácter religioso de estas creencias nos releve de nuestra agencia propia o de nuestra responsabilidad individual.


El patriarcado

Concebimos el patriarcdo como sistema social, político y económico que oprime a las mujeres y disidencias sexo-genéricas de forma estructural. Estamos en contra de los roles de género impuestos que se han ido cristalizando a lo largo de la historia, del binarismo de género, de la heterosexualidad como régimen, de todo tipo de violencia derivada del patriarcado (desde violencia institucional hasta violencia sexual o los feminicidios o asesinatos lgtbiqa+fóbicos).

También estamos en contra del feminismo blanco, burgués, hegemónico, tránsfobo y putófobo que orienta su lucha a reivindicaciones parciales a las instituciones (como que haya más mujeres en los puestos de poder), mientras ejercen opresión hacia otros colectivos. Así mismo rechazamos las luchas meramente identitarias que han sido fagocitadas por el capital y vaciadas de contenido y modeladas según las lógicas de la modernidad). No queremos fragmentar nuestras luchas sino transversalizarlas, ponerlas en diálogo.

Defendemos que no hay un único sujeto del feminismo, que el feminismo es un proyecto de transformación radical de la sociedad en su conjunto. 

Lo que
Defendemos

La Libertad

Para nosotrxs la libertad es un camino infinito e incansable que se conquista vitalmente y socialmente. Entendemos el anarquismo como una práctica de liberación que tiene como objetivo máximo construir una sociedad anárquica que presente las condiciones materiales adecuadas para ejercer la libertad. La libertad nunca podrá existir mientras haya explotación, privilegio e individualismo. La libertad por la que luchamos viene de la mano de la solidaridad y el apoyo mutuo. No viene dada por la naturaleza o por orden divino, sino por la conciencia de querer tener voluntad propia y autonomía. Por último, entendemos que la libertad nunca puede ser real y completa sin igualdad social.   


La Igualdad

Consideramos que la base de una sociedad libre es la igualdad. Luchamos por crear las condiciones sociales que conviertan esta igualdad teórica en una igualdad real, combatiendo la injusticia derivada de la propiedad privada, de los nacionalismos y de los supremacismos étnicos, de género, de capacidades o cualquier otra opresión que impida que dispongamos de nuestra vida y contribuyamos a la vida colectiva. Asimismo, defendemos una igualdad que no se convierta en uniformidad, porque celebramos la diversidad y porque, sin autoridad, esa diversidad se manifiesta en todos sus aspectos.


La Solidaridad y el Apoyo Mutuo 

El apoyo mutuo y la solidaridad son principios esenciales del anarquismo, orientados a fomentar la colaboración entre las personas para satisfacer necesidades y luchas comunes a través de relaciones horizontales. Estos valores se sustentan en la convicción de que, al apoyarnos unxs a otroxs, podemos alcanzar la libertad colectiva,superar desigualdades y enfrentar injusticias.

Rechazamos la competencia individualista promovida por el capitalismo y abogamos por una colaboración activa, libre y consciente entre lxs individuxs.

Reconocemos la interdependencia que existe entre nosotrxs, nuestro entorno y la naturaleza, lo que nos permite resistir ante toda forma de dominación.